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SALUD PÚBLICA Y CIENCIA SOCIAL
La importancia del modelo biopsicosocial en la educación de profesionales de la salud en Chile
Durante casi un siglo, la educación médica se ha vuelto cada vez más hábil en transmitir a los médicos y personal de salud conocimientos científicos sofisticados y habilidades técnicas sobre el cuerpo y sus enfermedades. Sin embargo, al mismo tiempo, no ha prestado la atención suficiente a la comprensión científica del comportamiento humano y los aspectos psicológicos y sociales de la enfermedad y el cuidado de los pacientes.
Tanto el médico promedio de hoy como el personal de salud en general completaron su educación formal con impresionantes capacidades para lidiar con los aspectos más técnicos de las enfermedades, sin embargo, cuando se trata del lado humano de éstas y la atención al paciente, la evidencia muestra sólo un poco más que la capacidad natural y personal con las que se ingresó a estudiar salud a la universidad.
El considerable cuerpo de conocimiento sobre el comportamiento humano que se ha acumulado desde el cambio de siglo y cómo esto se puede aplicar para lograr una atención al paciente y un mantenimiento de la salud más eficaces sigue siendo en gran parte desconocido para una gran masa de profesionales de la salud, y muy especialmente para profesionales del estamento complementario o de funciones distintas a la clínica/médica. ( Téngase presente que esta misma idea ya era presentada por Engel, en la 23rd Conferencia de Cartwright, Columbia University College of Physicians and Surgeons, en Noviembre de 1977, bajo el título “The biomedical Model: A Procrustean Bed?”).
El descuido de esta importante dimensión de la educación de los profesionales de la salud se encuentra en la raíz de las quejas frecuentes de los pacientes en relación a que el personal de salud y los médicos son insensibles, negligentes, arrogantes y mecánicos en sus enfoques.
Indudablemente hay muchas razones para esta situación, pero la más importante es la influencia dominante del modelo biomédico de la enfermedad. Los estudios científicos del comportamiento humano rastrearon la influencia de los orígenes filosóficos de este modelo hace tres o cuatro siglos, cuando la ortodoxia cristiana establecida levantó la prohibición de que los médicos diseccionen el cuerpo humano, siempre y cuando no presuman tratar con el alma, la moral, la mente y el comportamiento del hombre.
Este pacto ayudó a determinar que la medicina occidental se basara en el dualismo y el reduccionismo. El dualismo predica la separación de la mente del cuerpo, lo psicológico de lo somático, y no proporciona un marco conceptual, a diferencia del reduccionismo, donde los dos puedan relacionarse.
El reduccionismo asume que la comprensión de una entidad más compleja se puede lograr mejor mediante el análisis de sus componentes y; por lo tanto, que la complejidad de la vida y los fenómenos biológicos, incluidos el comportamiento y los procesos mentales, deben estudiarse y explicarse mediante métodos y lenguaje de la física y la química.
El reduccionismo fomenta una visión de la naturaleza que involucra interacciones de entidades discretas en una forma causal lineal, relaciones simples de causa y efecto. Esta influencia se expresa en el hábito de hablar de enfermedades no como procesos dinámicos, sino como entidades discretas cuya eliminación solo espera el descubrimiento de sus causas. La promesa de la conquista definitiva de la enfermedad, sobre la cual la biomedicina solicita apoyo del público, simplemente se rinde ante la complejidad de los conocimientos necesarios para enfrentar el tratamiento psicosocial de los pacientes, en especial los aspectos atingentes a la comunicación, la empatía y la escucha activa.
Este programa diseñado para funcionarios de salud, tanto de atención primaria como de atención cerrada, aborda los mecanismos de escucha activa posibles en la relación médica(o)/paciente, presentes en la práctica clínica diaria de centros de salud pública, ejemplificando, además, la relación funcionaria(o)/usuaria(o), con la finalidad de aportar desde la perspectiva del método, elementos de interacción adecuados para el ejercicio de las prestaciones de salud públicas.